Socialdemocracia

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"Socialdemocracia" es el nombre que reciben toda una serie de corrientes ideológicas, movimientos, partidos y sindicatos vinculados de algun modo al proyecto socialista y caracterizados por desarrollar una práctica política reformista, frecuentemente ligada a la participación en los comicios y la vida política de las modernas democracias representativas. El término "socialdemocracia" es algo impreciso y, por ello, se suele confundir con la aceptación de los regímenes de economia mixta (por ser característicos de la socialdemocracia europea posterior a la Segunda Guerra Mundial) o simplemente con el reformismo de orientación mas o menos izquierdista.

Tabla de contenidos

Historia

Los orígenes de la socialdemocracia

Los orígenes de la socialdemocracia se encuentran en el movimiento obrero europeo posterior a la disolución de la Primera Internacional (segunda mitad del s.XIX). La división de este movimiento obrero entre sectores socialistas y anarquistas supuso también una división en cuanto a prácticas políticas y organizativas. En tanto que los anarquistas renunciaron a la participación en elecciones y en la vida de los jovenes parlamentos europeos, y se organizaron principalmente en sindicatos y grupos de afinidad, los socialistas fueron paulatinamente construyendo partidos con la intención de constituir una avanzadilla política para los movimientos obreros de sus respectivos Estados. Estos partidos se dieron a si mismos el nombre de partidos socialistas, laboristas o socialdemócratas, y adoptaron una práctica política basada en el apoyo político a los sindicatos y a las huelgas, la organización del mundo obrero (con la creación de una extensa red de ateneos culturales, publicaciones, asociaciones... y en algunos casos hasta orquestas, funerarias y Universidades) y la participación en los comicios de los nacientes regímenes constitucionales o incluso democráticos de la Europa anterior a la Primera Guerra Mundial. Algunos de los partidos socialistas/socialdemócratas mas importantes de la Europa de finales del s.XIX fueron el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán (1891), el Partido Socialdemócrata Obrero de Austria (1889) o la Sección Francesa de la Internacional Obrera (1905). Estos partidos formarian en 1889 la Segunda Internacional bajo los auspicios de Friedrich Engels, siendo probablemente esa fecha la efeméride mas adecuada para fechar el inicio de la socialdemocracia como movimiento político.

En esta socialdemocracia europea de finales del XIX y principios del XX convivian diversas familias políticas con diversas visiones acerca del socialismo, como eran el socialismo humanista de Jean Jaurès, el socialismo gradualista de la Fabian Society, etc. La tendencia mayoritaria en la Segunda Internacional, no obstante, fue siempre la marxista, en sus diferentes versiones. Esta tendencia supeditava la práctica reformista de los partidos socialdemócratas a una estrategia revolucionaria a mas largo plazo. Siguiendo una cierta versión de la teoria marxista, los socialdemócratas marxistas como Kautsky se basaron en dos supuestos elementales:

1) Las sociedades capitalistas estaban fundamentalmente divididas en "dos mundos": el mundo de la clase obrera y el mundo de todas las otras clases, consideradas reaccionarias. La clase obrera debía organizar de manera independiente su mundo (sus publicaciones, sus barrios, sus ateneos...) a la espera del estallido de la Revolución.

2) El estallido de la Revolución vendría dado por el agotamiento de la capacidad productiva del capitalismo. En el momento en que este ya no sirviese para proporcionar al grueso de la población lo necesario para satisfacer sus necesidades, la clase obrera se alzaría, tomaría el poder e instauraría el socialismo y la dictadura del proletariado. De ahí se obtenía una justificación para la política reformista de la socialdemocracia, sobre la base de que había que conseguir mejoras para el nivel de vida de los trabajadores de manera que el agotamiento de la capacidad capitalista de satisfacer sus necesidades se acelerase.

No obstante, cabe decir que esta visión no siempre fue mayoritaria en todos los países. Así, en la SFIO de Francia primaron durante mucho tiempo las tesis de Jean Jaurès, que renunciaba a la dictadura del proletariado, preconizaba el paso al socialismo a través de las luchas reformistas (sin supeditar a estas a un futuro estallido revolucionario) y propugnaba la alianza con fuerzas de izquierda burguesa o campesina. En general, sin embargo, se impusieron las tesis de Kautsky.

Algunas de las conquistas mas notables de la socialdemocracia en este período fueron la elevación del nivel cultural del proletariado, mediante extensas redes de ateneos y asociaciones culturales obreras; la extensión progresiva del sufragio universal; la obtención de diversas normativas laborales y sistemas de subsidios sociales que están en el orígen de lo que luego sería el moderno Estado del Bienestar; etc.

La polémica del revisionismo

Muerto Engels en 1896, un socialista alemán llamado Eduard Bernstein comenzó a publicar una serie de artículos críticos con la visión revolucionaria que de la socialdemocracia tenian marxistas como Karl Kautsky. Estos artículos quedarían recogidos en el libro Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia. En él, Bernstein consideraba que el análisis de Marx había quedado refutado por los hechos: los campesinos no se hundían, la clase media no desaparecía sino que aumentaba y los proletarios no quedaban progresivamente depauperados sino que veian mejorar su nivel de vida. El capitalismo no parecía estar condenado a crisis cada vez mas graves, sino que mostraba una enorme vitalidad para superarlas. También criticaba la teoría del valor-trabajo de Marx y, por ende, su análisis sobre la plusvalía.

A partir de este análisis, Bernstein desgranaba una serie de propuestas políticas. En primer lugar, se debía abandonar no solo el objetivo de acelerar la Revolución, sino el objetivo mismo de instaurar el socialismo. Para Bernstein, el socialismo ya no debía ser entendido como una forma de sociedad sino como un ideal ético, sin otro objetivo que la mejora gradual de las condiciones económicas y políticas de la clase obrera. Bernstein sintetizó su postura en la célebre frase de que en el socialismo el objetivo final, sea cual fuere, no es nada: el movimiento lo es todo. En segundo lugar, Bernstein pedía el abandono inmediato del aislacionismo político voluntario en que se había situado el PSDA merced a su teoría acerca de los "dos mundos", teoría que obviamente excluía la posibilidad de llegar a pactos con "el otro mundo". Frente a esto, Bernstein pedía la apertura de la socialdemocracia al pacto con otros grupos de Izquierda, pese a provenir de la pequeña burguesía o del campesinado. Este conjunto de propuestas teóricas y políticas recibiria el nombre de "revisionismo".

La novedad de estas tesis no radicaba en su defensa de la práctica reformista, puesto que ésta había sido moneda común de la socialdemocracia desde su misma fundación. Tampoco su renuncia a la Revolución y a la dictadura del proletariado eran nuevas: Jean Jaurès o los fabianos nunca habían aceptado tales objetivos. Ni siquiera su propuesta de ruptura con la política de los "dos mundos" se puede considerar especialmente novedosa: de nuevo, el socialismo francés con Jaurès a la cabeza nunca había aceptado la idea de que todas las clases no-proletarias eran reaccionarias. Lo que resultaba nuevo en Bernstein, y que causó una fuerte polémica en la II Internacional, fue su idea de que debía renunciarse a substituir el capitalismo por el socialismo, dado que aquel parecía no ser ni tan inestable ni tan malo para los obreros. Ser socialdemócrata, para Bernstein, debia significar en adelante luchar por toda aquella reforma que mejorase el nivel de vida de la clase obrera, sin otro horizonte que este. Esto hizo que Bernstein chocase incluso con reformistas consumados como Jean Jaurès, que seguían considerando que el objetivo de la socialdemocracia debía ser el paso del capitalismo al socialismo.

Las teorías de Bernstein constituirán un ala derecha dentro de la socialdemocracia alemana anterior a la Primera Guerra Mundial y recibirán sendas condenas en diversos congresos de la II Internacional. En la práctica, no obstante, los partidos socialdemócratas irán centrándose en la lucha por las reformas limitando a la pura retórica las alusiones al socialismo y a la revolución. Esto provocará la otra gran crisis de la socialdemocracia de principios del siglo XX: la escisión comunista.

La crisis de la Gran Guerra y la escisión comunista

Previamente a la Primera Guerra Mundial, un sector del marxismo ortodoxo existente en la II Internacional empezó a distanciarse de las posiciones mayoritarias de dirigentes como Kautsky, que veian en la práctica muy cercanas a las de Bernstein. En todos los partidos de la II Internacional empezaron a aparecer alas izquierdas que cuestionaban el papel fundamentalmente reformista de la socialdemocracia, criticando la actitud de Kautsky y los suyos de limitarse a la lucha por las reformas parciales a la espera de la inevitable revolución obrera. Pedían la preparación consciente de esta revolución y la ruptura con la teoría de los "dos mundos" para así posibilitar una alianza de clase con el campesinado revolucionario. Los representantes mas importantes de esta tendencia fueron Lenin en Rusia y Rosa Luxemburg en Alemania.

Paralelamente al surgimiento de este ala izquierda, la socialdemocracia de principios del siglo XX observó con preocupación la preparación de todos los grandes Imperios europeos para la guerra. Aunque la II Internacional llamó a la hermandad de los obreros de toda Europa frente a las divisiones imperiales, lo cierto es que en el seno de las diferentes socialdemocracias nacionales se fueron abriendo paso sectores que llamaban a dar apoyo a sus respectivos Estados en caso de guerra. Al empezar la Gran Guerra en 1914, el grueso de la socialdemocracia dió apoyo a estas políticas de "Unión Sagrada", quedando al margen de ella dirigentes como Bernstein o Kautsky, que en ocasiones formaron partidos socialdemócratas alternativos como el Partido Socialdemócrata Alemán Independiente. El ala izquierda de la socialdemocracia, por su parte, rompió definitivamente con esta, denunció la Gran Guerra como una guerra imperialista y constituyó un movimiento socialista a parte, el comunismo, cuyos partidarios se agruparon en la III Internacional e impulsaron diversas revoluciones en Europa del Este, llegando al poder en Rusia en 1917. La II Internacional, por su parte, quedó desactivada de facto.

La socialdemocracia en el período de entreguerras y durante la II Guerra Mundial

Acabada la Primera Guerra Mundial, y consumada la escisión comunista, los socialdemócratas emprendieron el camino de la reorganización. En 1920, la Segunda Internacional se reorganizó, aunque muchos partidos rehusaron unirse a ella. En Viena, Friedrich Adler creó en 1921 la Unión de Partidos Socialistas para la Acción Internacional, también llamada Internacional Dos y Medio, que propugnaba el entendimiento con la Tercera Internacional y el respeto tanto a las vias revolucionarias como a las vias reformistas hacia el socialismo. A esta Internacional se unieron 10 partidos, entre ellos el SPÖ, la SFIO o el PSOE. En 1923, ambas asociaciones se unificaron en la Internacional Obrera y Socialista, también dirigida por Adler.

En este período, la socialdemocracia accedió al poder en diversos gobiernos estatales y locales y pudo empezar a aplicar su programa reformista. Casos paradigmáticos de este acceso al poder fueron el nombramiento del socialdemócrata Ebert como presidente de la República de Weimar o el control socialdemócrata del poderoso gobierno local de Viena, que llegó a ser conocida como la "Viena Roja". Se nacionalizarion empresas, se acabó de asentar el sufragio universal, se constitucionalizó la empresa privada capitalista y se introdujo, allí donde se pudo, un importante cambio en las Constituciones occidentales: si en las Constituciones anteriores a la Primera Guerra Mundial la propiedad privada aparecía como un derecho sagrado e inviolable, en las Constituciones post-Gran Guerra (paradigmáticamente en la de Weimar) se afirmaba explícitamente que la propiedad privada debía tener una función social y, por tanto, supeditarse al interés general.

De esta época también fueron propios los enfrentamientos con los comunistas, alentados desde los dos bandos, que tuvieron sus notas mas tristes en la represión socialdemócrata de la revolución espartaquista que acabó con el asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, en la persecución stalinista de sus opositores socialdemócratas, etc. Estas divisiones y enfrentamientos entre comunistas y socialdemócratas facilitarán el camino a los diveros fascismos que se abrirán paso en Europa en el período de entreguerras como respuesta violenta al auge del socialismo europeo posterior a la Primera Guerra Mundial. Con Hitler ya en el poder, a principios de los años 30, ambas familias socialistas intentarán, junto a otros grupos de izquierda, oponer Frentes Populares al auge de los fascismos. Pese a todo, estos proseguirán su camino, desembocando en el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1936, durante la cual la Internacional Obrera y Socialista dejará de funcionar. Durante la guerra, los socialdemócratas participarán de manera activa en la lucha contra el Eje, dando apoyo a los aliados y formando parte de las bolsas de Resistencia en los países controlados por los ejercitos fascistas.

Desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros dias

Acabada la guerra, la socialdemocracia desapareció de toda vida pública en la Europa del Este, dominada por totalitarismos de corte stalinista. También en el Portugal salazarista, en el Reino de España franquista y en la Grecia de los coroneles la socialdemocracia se vió perseguida y pasó a formar parte de la oposición democrática. En el resto de Europa la socialdemocracia accedió en numerosos países al poder y emprendió un amplio programa de intervenciones en la economía, avaladas por el keynesianismo entonces ya dominante en el mundo de la Economía académica. Entre los años 50 y los 80, la socialdemocracia vivió un período de esplendor donde, mal que bien, consiguió aplicar una parte de su programa socialista que cristalizó en los llamados Estados de Bienestar. Los éxitos mas notables en este sentido los consiguieron, seguramente, las socialdemocracias escandinavas. También en esta época es cuando se produce una nueva refundación de la Segunda Internacional con el nombre de Internacional Socialista, que ha llegado hasta nuestros dias y se ha extendido por todo el mundo.

El papel de la socialdemocracia en la Guerra Fria fue ambiguo. Mientras que muchos partidos socialdemócratas, como el alemán, se situaron durante largo tiempo del lado norteamericano, otros (como el sueco) adoptaron una posición neutral e incluso beligerante con ambos bandos. Olof Palme, símbolo de la socialdemocracia sueca, se destacó por su oposición al imperialismo norteamericano en plena Guerra del Vietnam. Por otro lado, la Internacional Socialista admitió en los años 80 como miembro al Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, cuyo gobierno estaba en guerra con la organización terrorista Contra, financiado por los Estados Unidos.

A mediados de los 70 se produjo la crisis del petroleo, que sumió a Occidente en una profunda crisis económica que rompia los esquemas keynesianos al presentar al mismo tiempo inflación y paro. Este hecho fue aprovechado por la nueva derecha neoliberal representada por políticos como Ronald Reagan para lanzar una política de desmantelamiento del Estado de Bienestar a la cual, con pocas excepciones, la socialdemocracia se ha ido adaptando incómodamente. A consecuencia de este retroceso en los éxitos obtenidos en décadas anteriores, se habla hoy de una "crisis de la socialdemocracia", en la cual podemos encontrar tres sectores mas o menos diferenciados:

- Un ala izquierda, representada por políticos como Oskar Lafontaine o Xosé Manuel Beiras, que reclama un giro a la izquierda y una recuperación del carácter socialista de la socialdemocracia. Defiende el Estado del Bienestar pero reclama su revisión y su comprensión como un paso mas hacia el socialismo y no como un fin en si mismo.

- Un centro, representado por políticos como Lionel Jospin, compuesto por aquellos socialdemócratas que siguen la linea predominante en los años 50 - 60 de centrar los esfuerzos de la socialdemocracia en la construcción de buenos Estados de Bienestar y en la "humanización" del capitalismo sin plantearse su superación.

- Un ala derecha, representada por políticos como Tony Blair, que reclama un giro hacia posiciones liberales en materia de economía. Buena parte de los miembros de este ala derecha han abandonado, de hecho, las lineas maestras de la tradición socialdemócrata y por ello se les puede considerar con mas rigor como socialliberales.

Políticos y autores socialdemócratas

Friedrich Adler

Max Adler

Clement Attlee

Otto Bauer

August Bebel

Xosé Manuel Beiras

Eduard Bernstein

Willy Brandt

Friedrich Ebert

Begoña Errazti

Adolfo Gilly

Günter Grass

Felipe González

Alfonso Guerra

Rudolph Hilferding

Pablo Iglesias

Jean Jaurès

Karl Kautsky

Oskar Lafontaine

Andrés Manuel López Obrador

François Miterrand

Karl Gunnar Myrdal

Josep Pallach

Georgi Plejanov

Adam Przeworski

Joan Puigcercós

Olof Palme

Andreas Papandreu

Karl Renner

José Luís Rodríguez Zapatero

Manuel Serra i Moret

Mario Soares

Políticos y autores cercanos o influyentes en la socialdemocracia

Tony Blair

Hugo Chávez

Bill Clinton

Ronald Dworkin

Albert Einstein

Friedrich Engels

John Kenneth Galbraith

Anthony Giddens

Mikhail Gorbachov

Luiz Ignacio "Lula" da Silva

John Maynard Keynes

Rosa Luxemburg

Karl Marx

Evo Morales

Ralph Nader

Philip Pettit

John Rawls

Franklin Delano Roosvelt

Joseph Alois Schumpeter

Philippe Van Parijs

Enlaces externos

socialdemocracia.org

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